Corrían los años 50 en el Perú, la capital no era aún aquella metrópoli que albergará una numerosa población, era tan solo Lima, la ciudad de los Jardines que conocía de calles tranquilas para tomar aire fresco; de niños que acostumbraban ir al colegio en dos turnos y de la típica gente que vestía con elegancia para ir a “jironear” al conocido Jirón De La Unión o punto de encuentro de las grandes tiendas de aquella época, absolutamente Lima era otra.
Un gran crecimiento poblacional estaba gestándose, cientos de provincianos migraban cada día a la capital en busca de un horizonte prometedor, con oportunidades que solo la Ciudad de los Reyes les podría brindar.
De la noche a la mañana Lima se convirtió en un hormiguero con cientos de personas, buscando un lugar donde vivir y de igual manera para sus muertos, ya que el "Presbítero Matías Maestro”, cementerio de antaño ubicado en el bohemio distrito de Barrios Altos desde 1808, se vio copado por completo y por este motivo era necesaria la construcción de un nuevo recinto perpetuo.
Por ordenanza de la Beneficencia de Lima ante la necesidad y demanda de la población, se dispuso la construcción del nuevo camposanto limeño en el antiguo terreno que correspondía al fundo Ancieta Alta.
Recién en Junio de 1956 comenzaron con las obras, las cuales se prolongarían tres años más.
La fecha elegida para la esperada inauguración fue el 27 de Junio de 1959, en la cual se hicieron presentes grandes personalidades de la época junto al presidente de la República, Manuel Prado Ugarteche.
El nuevo lugar para el descanso eterno fue bautizado como Cementerio Del Ángel, pero con el correr del tiempo se ha pasado a denominar a este gigante cielo de concreto como El Ángel.
Sin embargo fue recién una mañana del 3 de Julio de 1959 cuando por primera vez el nuevo cementerio recibió su primer huésped eterno, Juan Luis Uccelli Rainusso.
En su exterior, las calles se encuentran llenas de vendedores y de flores, no precisamente sembradas en jardines, sino puestas en baldes llenos de agua que pretenden dar vida y color, pero que por el contrario, producen más desorden y mal olor y para colmo de males, los gritos desesperantes de los mercaderes de flores que sólo les falta llevar sirena, dan un contexto de guerra: pues quien grita más fuerte vende más flores.
Paradójicamente el Cementerio del Ángel, es uno de los pocos lugares que posee en su interior una mística propia, conjugada con un silencio que es único en esta bulliciosa ciudad.
La característica principal de este recinto es la estatua imponente y majestuosa del ángel de la resurrección, que se encuentra en la parte frontal de la entrada principal como un guardián receloso del descanso eterno y que en su mirada muestra ternura y a la vez un gesto que transmite tristeza por el abandono en el que se ha visto con el correr del tiempo y la mala gestión de sus últimos administradores que lo han sumido en una vejez prematura que a pesar de los nuevos cambios no recupera el brillo de antaño.
Al entrar a El Ángel un estupendo cuadro armónico, moderno y equilibrado es lo primero que atrae las miradas, donde se conjuga un gran mural pictórico de Fernando de Szyszlo con una escultura fantástica de Joaquín Roca Rey.
De igual manera, un mundo aún oculto para el común de la gente, da la bienvenida e invita a melancólicos visitantes por un momento a sentir que sus seres queridos no se han ido del todo y que siempre tendrán la oportunidad de estar cerca a ellos en este recinto.
El interior de esta necrópolis de 49 años de vida, cuenta con extensas filas de incontables pabellones con singulares leyendas y mitos urbanos.
El primogénito en la historia de la construcción fue el pabellón de San Benedicto, posteriormente el número de los cuarteles fue en aumento.
Algunos fueron edificados a la vista de la gente por ende son los más visitados, otros en cambio están escondidos en el olvido de sus pasillos, como el pabellón de “Los Angelitos”, conocido así porque en sus nichos alberga a los niños fallecidos a temprana edad, por esta razón sus familiares los han dejado de visitar y se han ido olvidando de ellos con el pasar de los años.
El 25 de Julio del año 2000 el cementerio pudo contar por primera vez con un crematorio, el cual es el único ubicado en la ciudad que no pertenece a una empresa privada y que comprende una extensa área de 400 m².
Este cementerio acoge a personas de todas las clases sociales diferenciándose a simple vista unos de otros, como en el caso de los mausoleos, los cuales son exclusivos para quienes tienen un poder adquisitivo mayor al común de los demás.
Los diseños de estos mausoleos son muy variados, algunos con un estilo oriental, otros más modernos y no faltan los que rompen con lo convencional; éstos en su mayoría son de mármol y miden aproximadamente entre 4 y 5 metros de altura, algunos son para familias de 4 personas, otros tienen la capacidad de albergar 8 cuerpos, intentando así que éstos permanezcan juntos en su otra vida.
Hoy en día todo individuo puede gozar de este privilegio, ya que no solo las familias adineradas pueden enterrarse juntas; las personas que se encuentran en nichos pueden permanecer aferradas por toda la eternidad, ahora existe la modalidad del entierro uno al lado del otro; en este cementerio hay muchos de estos casos, como parejas de esposos, hermanos, hijos y amigos, quienes sus seres queridos decidieron no separarlos en su viaje hacia el descanso eterno.
En este sacramental recinto también descansan muchas almas que han tenido un espacio muy importante en la historia peruana, grandes figuras que con su arte o tan solo con la simpatía de robarle una sonrisa al público, se convirtieron en las estrellas de su época.
Que hubiese sido de la sociedad, si nunca hubiera alimentado sus oídos con aquel armonioso vals titulado “Del Puente a La Lameda”, o si nunca hubiese visto aquel primer programa de ayuda social y descubridor de grandes talentos nacionales, el divertido y recordado “Trampolín a la Fama”, y si en los “Chichodromos” no se hubiera gozado y bailado con el popular tema “Soy Muchacho Provinciano”, pues aquellos personajes que deleitaron a más de uno con su arte ahora lo siguen haciendo pero en el cielo.
“Jazmines en el pelo y rosas en la cara, airosa caminaba la flor de la canela, derramaba lisura y a su paso dejaba, aromas de mistura que en el pecho llevaba” célebre composición de la reconocida y siempre recordada retratista Maria Isabel Granda Larco más conocida como Chabuca Granda, quien le cantaba a la Lima antigua y señorial rompiendo las estructuras de la poesía convencional. De ahí que quizás no fuera muy comprendida en su época. Chabuca tenía una capacidad única para retratar las cosas más simples de la vida como de repente un vestíbulo o, incluso, a su propio padre quien fue su inspiración para el aclamado vals “Fina estampa”. Un ataque al corazón provocó la despedida entre los vivos para Isabel Granda, quien falleció en Miami y al poco tiempo fue enterrada junto a su amigo y protagonista de su inspiración Eduardo Granda, en el cementerio Del Ángel, cuya tumba esta rodeada de aromáticos y galanes jazmines, convirtiéndose en una ironía a la vista de su composición.
Su actual vivienda perpetua se encuentra en el pabellón “A” del camposanto, su sarcófago es de piedra caliza vendada por vientos de smog, el grabado de su nombre que no se distingue a simple vista, cuenta el pasar de los años que ella alberga allí, pero a pesar de todo aun perfuma el recuerdo de su existencia.
"Augusto Ferrando, te invita cantando, desde el más cercano hasta el último confín, para dar un brinco, ¡ey! Panamericinco, en el más alegre y millonario Trampolín... Trampolín te dará más fama, Panamericana, te hará tan feliz, por eso Ferrando, te sigue invitando, a ser una estrella en su famoso Trampolín", recordada canción que hizo que muchos peruanos disfrutaran de una tarde familiar llena de alegría y diversión.
Trampolín a la Fama fue la puerta al éxito para nuevos talentos peruanos, que hoy en día triunfan en la televisión nacional y en el mundo, como el comediante Melcochita; el singular Fernando Armas y la gran cantante Lucha Reyes, entre otros.
La estrella de las tardes en Panamericana televisión fue el carismático Augusto Ferrando Chirichigno, quien tuvo a su mando la conducción de un programa no noticioso por treinta años, batiendo el record de Guinness en la historia peruana. Un mal avanzado, imposible de curar aquejaba a Ferrando a sus 77 años de edad, lamentablemente el primero de Febrero de 1999, el popular “Negro” de trampolín fallece dejando así una enorme tristeza en los corazones de sus familiares, amigos y compatriotas, fue sepultado en el popular cementerio El Ángel junto con su prima o amante de toda la vida, Mercedes Ferrando Dietz de Ferrando en el Cuartel San Bartolomé, jardín A, lote 254, cuyo panteón esta envuelto de mayólica negra y adornado por delicados y finos claveles rojos que significan amor eterno entre estas tórtolas golondrinas.“Soy muchacho provinciano, me levanto muy temprano, para ir con mis hermanos, ayayay a trabajar, no tengo padre ni madre, ni perro que a mi ladre, solo tengo la esperanza, ayayay de progresar”, claro testimonio del día a día de muchos peruanos, que buscan un mundo mejor. Letra e inspiración de las vivencias de Lorenzo Palacios Quispe, quien nació, creció y se enamoró en las alturas de La Victoria, así, entre delincuentes y mendigos surgió el futuro y recordado rey de la cumbia o el popular “Chacalón”, era el único “Ser Supremo” que llevaba pantalones parchados, chompas multicolores, pies descalzos y la ilusión de una mañana mejor. Lorenzo formó el grupo “La Nueva Crema”, con el que pasó el resto de su vida, llegó a ver la fama y el amor incondicional de las masas, poco tiempo después el reconocido y adorado rey de la cumbia fue victima de un paro cardíaco a causa de un coma diabético; un 24 de Julio de 1994 lágrimas y gritos sollozos formaron parte de una atmósfera gris en su doloroso entierro, su hoy perpetuo hogar El Ángel lo acoge calidamente en su reposo; cada aniversario de su dolorosa partida, “la iglesia popular cuyo santo es Chacalón” abre sus puertas a miles de seguidores, quienes confiesan tenerle mucha fe, este sin duda alguna ya les ha cumplido “el milagrito”.Hoy en día el muchacho provinciano del cerro San Cosme, es el santo popular de los delincuentes, pobres y travestís de la sociedad limeña.
Caminar por entre sus pabellones es encontrar testimonios de vivencias únicas y propias de un cementerio, como es el testimonio de Segundo Trinidad, un viejo vigilante del camposanto que lleva toda una vida al servicio de El Ángel, precisamente desde 1959, año en el que comenzó a laborar en este lugar.
Segundo cuenta haber tenido un encuentro con el ángel Gabriel, el cual se le presentó con la imagen de un niño de cabello rizado y de túnica blanca la cual emanaba una luz potente, mientras cumplía su labor cuidando uno de los tantos pabellones una noche del año 2005.
Esta tan solo es una de las tantas visiones que Segundo asegura haber tenido a lo largo de toda su vida, y que lo ha marcado de una forma muy particular.
Asimismo otros trabajadores aseguran no haber tenido ningún contacto de este tipo y que el recinto perpetuo es muy tranquilo, pero no dejan la posibilidad de que en un determinado momento pueda presentarse un hecho de esta índole.
Tiempos nuevos se avecinan en El Ángel y por esta razón la Dirección General de Cementerios de la Beneficencia Pública de Lima (BPL), ha dispuesto ampliar el número de pabellones existentes.
Con la intención de albergar un número mayor de difuntos y mejorar las condiciones en las que se encuentra actualmente, ya se están construyendo 10 mil nuevos nichos.
El cementerio Del Ángel no es simplemente un recinto que albergue a los muertos como muchos lo consideran, es un circuito de paz que guarda entre sus pabellones, misterios e historias populares que traspasan los límites de la muerte.
Un gran crecimiento poblacional estaba gestándose, cientos de provincianos migraban cada día a la capital en busca de un horizonte prometedor, con oportunidades que solo la Ciudad de los Reyes les podría brindar.
De la noche a la mañana Lima se convirtió en un hormiguero con cientos de personas, buscando un lugar donde vivir y de igual manera para sus muertos, ya que el "Presbítero Matías Maestro”, cementerio de antaño ubicado en el bohemio distrito de Barrios Altos desde 1808, se vio copado por completo y por este motivo era necesaria la construcción de un nuevo recinto perpetuo.
Por ordenanza de la Beneficencia de Lima ante la necesidad y demanda de la población, se dispuso la construcción del nuevo camposanto limeño en el antiguo terreno que correspondía al fundo Ancieta Alta.
Recién en Junio de 1956 comenzaron con las obras, las cuales se prolongarían tres años más.
La fecha elegida para la esperada inauguración fue el 27 de Junio de 1959, en la cual se hicieron presentes grandes personalidades de la época junto al presidente de la República, Manuel Prado Ugarteche.
El nuevo lugar para el descanso eterno fue bautizado como Cementerio Del Ángel, pero con el correr del tiempo se ha pasado a denominar a este gigante cielo de concreto como El Ángel.
Sin embargo fue recién una mañana del 3 de Julio de 1959 cuando por primera vez el nuevo cementerio recibió su primer huésped eterno, Juan Luis Uccelli Rainusso.
En su exterior, las calles se encuentran llenas de vendedores y de flores, no precisamente sembradas en jardines, sino puestas en baldes llenos de agua que pretenden dar vida y color, pero que por el contrario, producen más desorden y mal olor y para colmo de males, los gritos desesperantes de los mercaderes de flores que sólo les falta llevar sirena, dan un contexto de guerra: pues quien grita más fuerte vende más flores.
Paradójicamente el Cementerio del Ángel, es uno de los pocos lugares que posee en su interior una mística propia, conjugada con un silencio que es único en esta bulliciosa ciudad.
La característica principal de este recinto es la estatua imponente y majestuosa del ángel de la resurrección, que se encuentra en la parte frontal de la entrada principal como un guardián receloso del descanso eterno y que en su mirada muestra ternura y a la vez un gesto que transmite tristeza por el abandono en el que se ha visto con el correr del tiempo y la mala gestión de sus últimos administradores que lo han sumido en una vejez prematura que a pesar de los nuevos cambios no recupera el brillo de antaño.
Al entrar a El Ángel un estupendo cuadro armónico, moderno y equilibrado es lo primero que atrae las miradas, donde se conjuga un gran mural pictórico de Fernando de Szyszlo con una escultura fantástica de Joaquín Roca Rey.
De igual manera, un mundo aún oculto para el común de la gente, da la bienvenida e invita a melancólicos visitantes por un momento a sentir que sus seres queridos no se han ido del todo y que siempre tendrán la oportunidad de estar cerca a ellos en este recinto.
El interior de esta necrópolis de 49 años de vida, cuenta con extensas filas de incontables pabellones con singulares leyendas y mitos urbanos.
El primogénito en la historia de la construcción fue el pabellón de San Benedicto, posteriormente el número de los cuarteles fue en aumento.
Algunos fueron edificados a la vista de la gente por ende son los más visitados, otros en cambio están escondidos en el olvido de sus pasillos, como el pabellón de “Los Angelitos”, conocido así porque en sus nichos alberga a los niños fallecidos a temprana edad, por esta razón sus familiares los han dejado de visitar y se han ido olvidando de ellos con el pasar de los años.
El 25 de Julio del año 2000 el cementerio pudo contar por primera vez con un crematorio, el cual es el único ubicado en la ciudad que no pertenece a una empresa privada y que comprende una extensa área de 400 m².
Este cementerio acoge a personas de todas las clases sociales diferenciándose a simple vista unos de otros, como en el caso de los mausoleos, los cuales son exclusivos para quienes tienen un poder adquisitivo mayor al común de los demás.
Los diseños de estos mausoleos son muy variados, algunos con un estilo oriental, otros más modernos y no faltan los que rompen con lo convencional; éstos en su mayoría son de mármol y miden aproximadamente entre 4 y 5 metros de altura, algunos son para familias de 4 personas, otros tienen la capacidad de albergar 8 cuerpos, intentando así que éstos permanezcan juntos en su otra vida.
Hoy en día todo individuo puede gozar de este privilegio, ya que no solo las familias adineradas pueden enterrarse juntas; las personas que se encuentran en nichos pueden permanecer aferradas por toda la eternidad, ahora existe la modalidad del entierro uno al lado del otro; en este cementerio hay muchos de estos casos, como parejas de esposos, hermanos, hijos y amigos, quienes sus seres queridos decidieron no separarlos en su viaje hacia el descanso eterno.
En este sacramental recinto también descansan muchas almas que han tenido un espacio muy importante en la historia peruana, grandes figuras que con su arte o tan solo con la simpatía de robarle una sonrisa al público, se convirtieron en las estrellas de su época.
Que hubiese sido de la sociedad, si nunca hubiera alimentado sus oídos con aquel armonioso vals titulado “Del Puente a La Lameda”, o si nunca hubiese visto aquel primer programa de ayuda social y descubridor de grandes talentos nacionales, el divertido y recordado “Trampolín a la Fama”, y si en los “Chichodromos” no se hubiera gozado y bailado con el popular tema “Soy Muchacho Provinciano”, pues aquellos personajes que deleitaron a más de uno con su arte ahora lo siguen haciendo pero en el cielo.
“Jazmines en el pelo y rosas en la cara, airosa caminaba la flor de la canela, derramaba lisura y a su paso dejaba, aromas de mistura que en el pecho llevaba” célebre composición de la reconocida y siempre recordada retratista Maria Isabel Granda Larco más conocida como Chabuca Granda, quien le cantaba a la Lima antigua y señorial rompiendo las estructuras de la poesía convencional. De ahí que quizás no fuera muy comprendida en su época. Chabuca tenía una capacidad única para retratar las cosas más simples de la vida como de repente un vestíbulo o, incluso, a su propio padre quien fue su inspiración para el aclamado vals “Fina estampa”. Un ataque al corazón provocó la despedida entre los vivos para Isabel Granda, quien falleció en Miami y al poco tiempo fue enterrada junto a su amigo y protagonista de su inspiración Eduardo Granda, en el cementerio Del Ángel, cuya tumba esta rodeada de aromáticos y galanes jazmines, convirtiéndose en una ironía a la vista de su composición.
Su actual vivienda perpetua se encuentra en el pabellón “A” del camposanto, su sarcófago es de piedra caliza vendada por vientos de smog, el grabado de su nombre que no se distingue a simple vista, cuenta el pasar de los años que ella alberga allí, pero a pesar de todo aun perfuma el recuerdo de su existencia.
"Augusto Ferrando, te invita cantando, desde el más cercano hasta el último confín, para dar un brinco, ¡ey! Panamericinco, en el más alegre y millonario Trampolín... Trampolín te dará más fama, Panamericana, te hará tan feliz, por eso Ferrando, te sigue invitando, a ser una estrella en su famoso Trampolín", recordada canción que hizo que muchos peruanos disfrutaran de una tarde familiar llena de alegría y diversión.
Trampolín a la Fama fue la puerta al éxito para nuevos talentos peruanos, que hoy en día triunfan en la televisión nacional y en el mundo, como el comediante Melcochita; el singular Fernando Armas y la gran cantante Lucha Reyes, entre otros.
La estrella de las tardes en Panamericana televisión fue el carismático Augusto Ferrando Chirichigno, quien tuvo a su mando la conducción de un programa no noticioso por treinta años, batiendo el record de Guinness en la historia peruana. Un mal avanzado, imposible de curar aquejaba a Ferrando a sus 77 años de edad, lamentablemente el primero de Febrero de 1999, el popular “Negro” de trampolín fallece dejando así una enorme tristeza en los corazones de sus familiares, amigos y compatriotas, fue sepultado en el popular cementerio El Ángel junto con su prima o amante de toda la vida, Mercedes Ferrando Dietz de Ferrando en el Cuartel San Bartolomé, jardín A, lote 254, cuyo panteón esta envuelto de mayólica negra y adornado por delicados y finos claveles rojos que significan amor eterno entre estas tórtolas golondrinas.“Soy muchacho provinciano, me levanto muy temprano, para ir con mis hermanos, ayayay a trabajar, no tengo padre ni madre, ni perro que a mi ladre, solo tengo la esperanza, ayayay de progresar”, claro testimonio del día a día de muchos peruanos, que buscan un mundo mejor. Letra e inspiración de las vivencias de Lorenzo Palacios Quispe, quien nació, creció y se enamoró en las alturas de La Victoria, así, entre delincuentes y mendigos surgió el futuro y recordado rey de la cumbia o el popular “Chacalón”, era el único “Ser Supremo” que llevaba pantalones parchados, chompas multicolores, pies descalzos y la ilusión de una mañana mejor. Lorenzo formó el grupo “La Nueva Crema”, con el que pasó el resto de su vida, llegó a ver la fama y el amor incondicional de las masas, poco tiempo después el reconocido y adorado rey de la cumbia fue victima de un paro cardíaco a causa de un coma diabético; un 24 de Julio de 1994 lágrimas y gritos sollozos formaron parte de una atmósfera gris en su doloroso entierro, su hoy perpetuo hogar El Ángel lo acoge calidamente en su reposo; cada aniversario de su dolorosa partida, “la iglesia popular cuyo santo es Chacalón” abre sus puertas a miles de seguidores, quienes confiesan tenerle mucha fe, este sin duda alguna ya les ha cumplido “el milagrito”.Hoy en día el muchacho provinciano del cerro San Cosme, es el santo popular de los delincuentes, pobres y travestís de la sociedad limeña.
Caminar por entre sus pabellones es encontrar testimonios de vivencias únicas y propias de un cementerio, como es el testimonio de Segundo Trinidad, un viejo vigilante del camposanto que lleva toda una vida al servicio de El Ángel, precisamente desde 1959, año en el que comenzó a laborar en este lugar.
Segundo cuenta haber tenido un encuentro con el ángel Gabriel, el cual se le presentó con la imagen de un niño de cabello rizado y de túnica blanca la cual emanaba una luz potente, mientras cumplía su labor cuidando uno de los tantos pabellones una noche del año 2005.
Esta tan solo es una de las tantas visiones que Segundo asegura haber tenido a lo largo de toda su vida, y que lo ha marcado de una forma muy particular.
Asimismo otros trabajadores aseguran no haber tenido ningún contacto de este tipo y que el recinto perpetuo es muy tranquilo, pero no dejan la posibilidad de que en un determinado momento pueda presentarse un hecho de esta índole.
Tiempos nuevos se avecinan en El Ángel y por esta razón la Dirección General de Cementerios de la Beneficencia Pública de Lima (BPL), ha dispuesto ampliar el número de pabellones existentes.
Con la intención de albergar un número mayor de difuntos y mejorar las condiciones en las que se encuentra actualmente, ya se están construyendo 10 mil nuevos nichos.
El cementerio Del Ángel no es simplemente un recinto que albergue a los muertos como muchos lo consideran, es un circuito de paz que guarda entre sus pabellones, misterios e historias populares que traspasan los límites de la muerte.






